Categoría Tercer Mundo

Prólogo/entrevista a Reflexiones de Pedro Aranda
Por Ivonne Morales

Hace treinta años atrás, un hombre presidio a un grupo de trabajadores, que como él, fueron víctimas de la cesantía por consecuencia de la dictadura militar en Chile. Esas manos unidas, se volcaron hacia la tierra, la naturaleza, y reconociendo las facultades de su entorno hicieron florecer vida y energía en el desierto más árido del mundo, autogenerando una nueva fuente de trabajo y siendo gestores de una oportunidad que años atrás les parecía imposible. Así nace en ese rinconcito de mundo, la Corporación Gen, un oasis de energías renovables en pleno Desierto de Atacama. El hombre de quien les hablo es Pedro Aranda, un profesor de ética y filosofía que, tras recorrer escuelas y universidades, se convirtió en uno de los grandes fundadores de esta iniciativa, un humanista que también se ha dedicado al cuidado del medio ambiente y que concibe a nuestra sociedad desde una perspectiva muy particular.

Ingresar a la inmensidad y espontaneidad de sus pensamientos fue una inyección de reflexión necesaria para abstraerse por un momento de la vorágine del mundo y repensar en cómo vivimos. Al hablar de nuestra querida Latinoamérica no dudó en enunciar “Vio en los ojos del sirviente la necesidad de ser amo, así decía Nietszche” y es evidente que así ocurrió con Latinoamérica. “Así como nos hemos alejado de nosotros mismos, de nuestro ser en esta sociedad fundamentada en el consumo y en la lucha de poder, nuestra región no mira hacia adentro solo persigue ser lo que no es, buscando el bienestar en un modelo externo. No somos como el denominado primer mundo, es muy paradójico que intentemos imitarlos y llegar a desarrollarnos como ellos, porque poseemos riquezas distintas, suelos distintos, climas diversos, una población más pequeña, un territorio más escaso.” Argumentaba. “Hemos perdido nuestro camino hacia lo que somos, debemos retornar a nuestro ser, a nuestro hogar y eso no es nada más que lo interno, la persona misma” me decía con fervor. Y si, hablábamos de Latinoamérica y el retornaba al ser. No estaba desviando el tema como muchos entrevistados suelen hacerlo, simplemente volvía al núcleo del mismo, parece que hemos caído en una amnesia colectiva. Olvidamos que el progreso del hombre buscaba su “bien -estar” y de ahí nace el concepto Desarrollo HUMANO, pero parece ser que nuestra percepción de ese avance fue devorada por el deseo del Producto (PIB).

Latinoamérica, como la percibimos hoy tiene mucho que ver con todo esto. “Primer mundo” o “subdesarrollo” han sido dos conceptos tatuados en cada uno de los países latinoamericanos e insertados en nuestro inconsciente sin cuestionamiento alguno y se fundamentan en un concepto de desarrollo monopolizado y absolutamente impuesto, como decía Pedro.

El ser y Latinoamérica, una analogía necesaria. Lo que ocurre en este sector y otros sectores del mundo entero se asemeja completamente a lo que ha ocurrido con nuestro ser. De la misma forma, en que la persona íntegra e internamente se ve desplazada en esta sociedad materialista. Nuestra región y nuestros países son marginados en su esencia ¿Alguna vez te preguntaste por el verdadero progreso? ¿Si estamos avanzando humanamente?


¡VOLVAMOS A LA RAÍZ!

Reflexiones de Pedro Aranda, Humanista, Educador y ambientalista.

“Quien ve hacia fuera sueña, quien ve hacia dentro despierta” Yung


La vida es un tejido de relaciones, de transformaciones. Fuimos engendrados en un abrazo. Nacemos con el sol de la dignidad, de la filiación, de la fraternidad. ¿Existe algo más real que el mismo vivir? Pero, al corto andar nos absorbe el mundo de la competencia y sus afanes son excluyentes ¿Quién es “más” que otro?, ¿Quién desplaza a quién?

Este mundo se reviste de variadas formas de sociabilidad, aún con destellos solidarios, para que no se le funda el motor en medio de esta soberbia carrera. Olvidar en el camino la raíz de la existencia, parece incuestionable. Se cree que “nuestra vida es así”, que esta “es la ley de la vida”. Pero, de este tronco del poder se ramifica una sociedad segregada, polarizada.

Cuestiono, entonces, que la vida “SEA ASÍ”: Entre competir y colaborar, entre el diferenciarse y complementarse: ¿Dónde nos realizamos más plenamente? ¿No es la cohesión, la unión, el vigor de la fuerza? Nuestro tronco parte concibiendo que el ser humano es para comunicarse, interrelacionarse.

Ante una cultura de vida, sustentada en los estímulos externos que atrofian las propias capacidades humanas, recordamos que la naturaleza nos enseña que la vida se genera generosamente, y siempre desde dentro hacia fuera: se inspira y espira. Se dice que “volvemos en sí” cuando respiramos. La semilla desaparece creciendo, la oruga renace en mariposa…. Es la vida respondiéndose a sí misma. ¿No nos balbucea que debemos responder desde adentro, del corazón?

Las personas, desde el seno de la sensibilidad de nuestras conciencias podremos reeducarnos. Hacer de nuestra libertad no sólo la capacidad de elegir cosas, que también se da en el fascinante reino animal, sino abrirnos, entregarnos a los desafíos de la vida; de amar y ser amados para ser partícipes del concierto social, de nuestro universo. Si reconocemos afectiva y efectivamente, que ignoramos la brújula de la vida, podremos retomar el camino de la vocación de ser persona, de forjar una sociedad con rostro humano. Compartimos esta visión en aras de cimentar el verdadero Desarrollo Humano y de Nuestro Planeta. Civilizarnos es cernir los valores que nos humanizan y nos deshumanizan. Cambiar nuestras miradas, cambiar nuestro mundo y el contexto que nos rodea. Dialogando se abona una simbiosis social para encontrar lo que nos pertenece como seres humanos.

Ya no sabemos ni abrazar. Las condiciones de vida son más tensionantes, estresantes, agresivas y, la rutina nos exilia de nosotros mismos. Farmacias por doquier. El bienestar, no implica siempre calidad y calidez humana de vida e inclusión. Las personas se clasifican y se definen por sus ingresos. La mercantilización de la vida eclipsó el sentido de la gratuidad. “El tiempo se come al hombre y el dinero se come al tiempo”. El sentido del Bien Común se corroe de individualismos, se corrompe, pues perdió su unidad fundamental. De una sociedad integrada entre semejantes a una convulsionada sociedad más desintegrada y desconfiada. Demasiadas voces corean: “Falta respeto”.

…La vida vacía pesa tanto que ni la tierra nos soporta…